Los Celos Causan la Infelicidad en el Hogar

Los celos son la causa de muchos chascos, rompimiento, violencia, tristeza, destrucción y perdida del amor de muchos hogares, pues  son una manifestación de inmadurez, inseguridad y egoísmo.


Los celos surgen por una actitud de sospecha permanente hacia el cónyuge y/o desconfianza. Una persona que padece de celos se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee y/o tiene (ya sea casa, familia, pareja, etc.).

En el ámbito sentimental, es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria del amor prefiera a otra en lugar de a la persona que le ama.


Este tipo de personas solo piensan en si mismas, en su beneficio, sus gustos, no se preocupan por el bienestar del ser amado, todo gira a su alrededor. Esto es causa de malas experiencias, maltratos en la niñez, frustraciones, temor a la soledad, desconfianza, carácter dominante o posesivo, inseguridad de si mismo, envidia, entre otros.

Los celos no son malos en si mismos, lo malo es ser celoso en exageración, cuando tu amas tu cuidas de tu pareja, hasta Dios es celoso, y se mantiene vigilante de cualquier anormalidad para prevenir a su cónyuge y  librarle del mal, con tacto ternura y amor. Pero existen los celos exagerados y enfermizos, donde el cónyuge solo desea que el otro este con él/lla, dependa de él/lla, no tenga libertad de expresión, de actuar de ser el/lla mismo/ma, no le permite salir relacionarse y ser un ser social, hasta llega a la violencia, no solo física, sino psicológica y/o verbal (que es la peor). Este tipo de celos enfermizos, son frecuentemente consecuencia de una ausencia de identidad y de debilidad espiritual, que estimula las debilidades emocionales o carnales de las personas.
Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.


El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo…..), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo… Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.

Para vencer esa sensación de celos enfermizos, es imperativo, estrictamente necesario, fortalecer la vida espiritual, mediante una mayor exposición a la palabra de Dios, asistiendo a los servicios a la Iglesia, buscando apoyo profesional espiritual, asistiendo a eventos para matrimonios y tomando la decisión de trabajar con su problema de inmediato.

El cónyuge objeto de los celos del otro (a), puede ayudar, evitando toda forma posible de alimentar los celos de su cónyuge, afirmándolo (a) en amor y orando y bendiciéndole constantemente, ayudándole a buscar consejería para sanar esa “enfermedad” de los celos.


Si has sufrido o sufre de “celos”, pídele perdón a Dios primero y luego a tu cónyuge. Toma el valor para reconocer que has ofendido a tu cónyuge con celos excesivos, aun cuando haya habido alguna razón para ellos. Toma la decisión de perdonar a tu cónyuge. Toma la decisión de no juzgarle, de no criticarle, de no maltratarle en modo alguno.

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